Publicidad:
Terra
La Coctelera

Esto no me lo esperaba.

Con el paso de los días me fui haciendo a la idea de que tener una camiseta del Betis era bonito. Que el Betis tiene una afición peculiar, un buen equipo que este año se ha visto superado por las lesiones y su primera participación en la Liga de Campeones y que bien mirado ¡un regalo es un regalo! Ya lo dice el refranero español “a caballo regalado no le mires el diente”.

Cuando me tocó la camiseta der Béti raudo y veloz corrí al teléfono y llamé al 902. Me contestó una señora que me pidió mi número de carné de Socio Marca y en seguida me confirmó la suerte que había tenido. En ese preciso instante me pidió que le indicase la talla de camiseta que quería y yo que soy un hombre hermoso, fuerte y con un cuerpo trabajado desde joven (algunos califican erróneamente estos cuerpos como algo obesos, nada más lejos de la realidad) pedí una talla XL.

Es más, por mi afición al fútbol he podido ver al Betis este año con una camiseta bien apretada al cuerpo, al estilo calcio, que supongo que tiene algo que ver con la proximidad del centenario. Ya me veía enfundado cual morcilla en la camiseta pegada al cuerpo y marcando las abdominales... o cuando menos la abdominal más superficial que tengo, las demás las tengo protegidas por esta.

Bueno, volviendo a la conversación telefónica, la señora me indicó que se me notificaría cuando la camiseta estuviera lista para que pasara a recogerla en la oficina de MRW más cercana. Y ¡vualá! a los pocos días me llaman para decirme que ya está allí. Una vez más, raudo y veloz como superlópez me dirigí a la oficina de MRW más cercana a mi casa y allí estaba. La camiseta. No era la que he descrito antes, era la normal, la de toda la vida. La verdiblanca de siempre. La metí en el coche, en su plástico, bien dobladita y me la llevé a casa.

Pero todo no podía ser bonito. Los loosers atacan de nuevo. Rompí como pude el plástico que la enfundaba. Era un abre-fácil de esos así que tardé muchísimo. Tuve que ayudarme de algunos dientes sanos que aún me quedan (quedaban). Al final, la estiré y allí estaba. Una camiseta del Betis para Ken. Sí, sí, Ken el novio de la Barbie. Porque esta camiseta no le queda bien ni a mi hijo de 18 meses. Volví a darle un golpe de aire por si la otra mitad de la camiseta estuviera todavía doblada o cogida con alfileres por detrás pero nada.

Por fin, ayudado de el más puro sentido de la lógica mire la talla y una gran M corroboró mis más negros pensamientos. He estado intentando ponerme en contacto con el Club Marca pero no hay forma. Como cualquier Club grande y abstracto que se precie, el servicio de atención al cliente brilla por su ausencia. Bueno pero existe un enlace en su página web que pone “Reclamación de premios” y llevo 10 días mandando la misma reclamación pero no he obtenido nada por respuesta.

Miento. Siempre que mando el dichoso cuestionario, con número de teléfono y mail incluido para que no tengan ningún problema si se quieren poner en contacto conmigo. La página se vuelve a cargar con el siguiente mensaje:
“Tu reclamación ha sido recibida correctamente.
Próximamente recibirás una respuesta.
Gracias por confiar en el Club Marca”.

Hasta hoy.

La culpa es mía

Socio desde junio del 96. O por lo menos eso pone en mi tarjeta. Diez años de socio fiel al Club Marca. Siempre visitando la web, en verano, en invierno, con modem, con ADSL, en cibercafés... siempre concursando en los sorteos.

Participando sobretodo en esos que tanta ilusión me hacían: ¡Gana una Play2! ¡Consigue la camiseta de Roberto Carlos!

Pero nada. Llegue a tener ataques de ansiedad. A imprimir mis participaciones en documentos de word. A mirar si los nombres de los ganadores se repetían (cosa que alguna vez comprobé). Nada de nada.

Mi ilusión se fue rompiendo, llegando a pensar que TODO ES MENTIRA. Como en la peli. Se me pasó por la cabeza ir a ver si Cuenca existía, pero desistí. No sirvo ni para sacarle los trapos sucios a los demás.

Como último recurso pensé una locura: "voy a participar en todo". Y el resultado ha sido fatídico.(Mirar foto)

Maldita suerte!!!! Una vez más los loosers ¿ganan?......¿¡Y qué coño hago yo con una camiseta der Béti el año en que es posible que baje a segunda!?

.... encima irá serigrafiada....la culpa es mía.

¿Felices Fiestas?

Demasiado tiempo ha pasado desde el último artículo pero me he prometido que esto no volverá a pasar. Aunque no tengo por costumbre el seguir mis promesas, esta me la voy a tomar en serio. En serio.

En este tiempo han pasado muchas cosas. Unas navidades bonitas, como todas, pero que me han hecho reflexionar sobre lo que a día de hoy es el centro de mi vida: mis hijos. Y no porque yo lo quiera, sino porque es irremediable.

Estas navidades las dos personitas nacidas de mi mujer y que yo he tenido a bien darles mi primer apellido y casi todo el dinero que gane el resto de mi vida han recibido ¡17 regalos!
No, no 17 regalos entre los dos. ¡Diecisiete regalos cada uno! Y esto es lo que me ha hecho reflexionar. ¿Soy un buen padre? ¿Tengo una buena familia? ¿Son buenos abuelos mis padres y mis suegros? Si lo de buena familia lo respondo en términos económicos, está claro que sí. No todos los niños del mundo tienen 17 regalos... o eso espero.

He intentado recordar si en alguna ocasión en esta vida o en alguna pasada yo recibí en un plazo de 7 días 17 regalos pero no me llega ninguna visión a mi cabeza. Es más, si lo sigo intentando durante más de diez minutos me evado y termino pensando en cualquier otra tontería menos en la cuestión principal y no quiero que esto ocurra con este post.

Yo sé que soy persona que valora las cosas. En muchos casos las valoro en demasía y esto hace que algunas personas cercanas a mí crean que soy un poco catalán (término peyorativo desde hace mucho tiempo pero que ahora ha cobrado más relevancia). Nunca me ha faltado pero tampoco me ha sobrado. Es más, en alguna ocasión que me he tomado la libertad de pensar en este tema, he traído del más allá un recuerdo que ahora no sé cómo sacar de mi memoria y es que nunca me trajeron el barco pirata de los clip. Ni los reyes, ni Papá Noel y me temo que nunca se reunieron los cuatro para ver si podían llegar a un acuerdo.

Pero centrándonos, mis hijos tienen ansiedad. En mi hogar unifamiliar casi no caben todos los regalos que tienen y ellos no saben a qué jugar. Yo sé que a él le apasiona dar cabezazos. Los da a diestro y siniestro. Es como una expresión de amor y amistad más allá de lo epistémico. El otro día estaba contento y nervioso, no sé si por ese orden pero la mezcla hizo que esa sensación que él notaba, empezara a crecer dentro y empezó a dar cabezazos. Primero me los dio a mí, todavía tengo una prueba de ello. Luego se los dio al sofá, y en uno de esos cayó de rodillas al suelo. Pero se ve que él seguía muy excitado y se quedó mirando fijamente el suelo a cuatro patas...sí, el resultado de su último cabezazo del día fue un sonoro golpe contra mi parquet. Más sonoros fueron los siguientes 5 minutos en que, tendido en mis brazos, él lloraba desconsoladamente y yo trataba de explicarle con sus 18 meses que no se deben dar cabezazos al suelo.

En resumen, ninguno de los juguetes que les han traído sirven para dar cabezazos. Aunque alguno le puede saltar un ojo si le intenta dar uno. Esto lo he hablado con otros padres y nadie sabe darme una solución. Yo, en mi pequeña sabiduría y como síntesis de mi análisis creo que las próximas navidades pediré menos regalos para mis hijos. Haré que mis hermanos, primos, tíos, cuñados y largo etc. se junten y hagan ‘grupos de regalo’. Con esto, y algo de suerte, conseguiré reducir a 12 ó 13 los regalos. En el fondo, creo que lo único que me pasará es que los regalos disminuyan en número y crezcan en tamaño... pero esa será otra historia.

Benditos niños...

El primer niño es una bendición. Desde el primer momento en que ves a tu primer hijo se te pone delante de la visión unas lentes invisibles y ves al niño más allá de las fronteras de todas las imperfecciones. Eso no va con él. Es la joyita de papá y mamá. No importa cuántas veces tengas que acunarlo en tus brazos, cuántas veces tengas que recoger lo que tira, las veces que te vomite encima o se ponga enfermo. Tú estás ahí y él es más bueno que el pan. Criaturita.

El segundo no es una bendición. Aunque lo hayas ido buscando. El segundo es... diferente. Para empezar le ves en la cuna del hospital, recién nacido y un frío temblor te entra en el estómago. ¿Tendrá gases, dormirá poco, enfermará? No, no es lo mismo. Hay cosas que no cambian, le sigues viendo igual de guapo que el primero. No le ves defectos. Pero tan sólo puedes vislumbrar cada vez que lo miras un instrumento perverso y maligno que va a hacer que tus próximos ¿3, 4 meses? JA,JA,JA.... mínimo 5 meses sean de lo peor que hayas vivido en el planeta. Uno de los peores momentos de tu existencia.

Ves al primero y ya le ves gracioso, que hace sus pinitos como showman. Pero este... todavía está por estrenar y hay que curarle el ombligo, despertarte por las noches para darle su comida, cambiarle... y encima no te atreves a cogerlo porque ya se te ha olvidado cómo tratar a un recién nacido.

Bueno, para entrar en materia. Mi hijo pequeño está enfermo. Llevo 2 noches sin dormir. En estos 15 meses le he ido cogiendo cariño, no lo voy a negar, pero esto es demasiado. A estas alturas de la película un niño ya debería ir al médico solo, comprarse sus medicinas y estar dormido sin molestar. Pero si desde que nacen sólo comen, cagan y van al médico. Por lo menos que esas tres cosas las hagan con relativa independencia en un breve espacio de tiempo...

No todo es malo. Como padre vas especializándote. Por poner un ejemplo. En dos días llevo mal-dormidas unas 10 horas, tirando por lo alto. Pero ya he cogido el truco a la cuna. Después de más de 3 años puedo intentar seguir durmiendo mientras meto mi pie entre los barrotes y le muevo. Hoy por hoy, puedo decir que de las 20 veces que se ha despertado, se ha dormido 3 ó 4 con esta técnica. Tengo que perfeccionarla. A veces el niño no se duerme porque no encuentra el chupete o está sentado. No es cosa de moverle más rápido para que se tumbe ya que un imprevisible choque entre su cráneo y algún lado de la cuna podría echar por tierra el resto de la noche. Tienes que levantarte, meterle el chupete en la boca, tumbarle y volverte a la cama. Sin darle tiempo de reacción.

Pero no voy a ser cruel. Él lo está pasando peor. Lleva dos días con fiebre y con una tos que no la he oído ni en películas de mineros. Hoy le voy a llevar al médico para terminar con la automedicación y pasar a la medicina convencional que le calme la tos y me ayude a dormir. Es decir, saldré a las 4 de mi oficina, iré corriendo al colegio de la mayor, la dejaré con mi bendita suegra que está en mi casa, llegó ayer y se quedará hasta el viernes. Y cogeré a la criatura y me la llevaré al médico. Luego a la farmacia y otra vez a casa para intentar explicarle a ‘la mayor’ que no puede hacer casi nada porque su hermano está enfermo.
Benditos niños.

Tiempo es dinero

Cuántas veces me han pedido que vuelva a escribir 'El Soplo'. No las recuerdo. Mi vida desde que edité ese magazine ha cambiado mucho y la de mi familia también. Entonces era un pasatiempo y espero que en esta nueva etapa, 'esto' también lo sea.

El Soplo fue un periódico de recuerdos, noticias y mensajes subliminales que traspasó las fronteras de lo dramático y se convirtió en referente para muchas personas que hasta ese momento no tenían un rumbo en su vida. Un faro para los que lo leían.

Pero todo en la vida cambia. O por lo menos se transforma. Sólo tengo que mirarme a mí para ver lo cierto de esta frase. Yo antes era poco menos que un atleta. Un cuerpo envidiable, una cara de galán de telenovela, una mente despierta y con ganas de aprender... y hoy, 10 años, un matrimonio y 2 niños más tarde... sigo igual. Pero esto no es lo normal, lo sé. Tengo a mi familia que me hace ver que los cuerpos se van deteriorando sin reparo posible.

¿Por qué ahora? Por circunstancias extrañas de la vida. Me he tenido que acoger al horario reducido por causas ajenas a mí y voy a pasar todas las tardes en los próximos meses ‘disfrutando’ de mis hijos. Desde que soy padre sé que el estar junto a la prole, solo por el hecho de andar, da pie a un sinfín de peripecias y situaciones inauditas, estrambóticas, inverosímiles y surrealistas. Y TODO esto no me lo puedo guardar para mí. Tiempo es dinero y, hoy por hoy, después de hacer todo tipo de números y cábalas para poder seguir trabajando yo y mi amada esposa hemos visto que mi tiempo (y lo que me van a quitar en mi empresa por la j..... jornada reducida) es más importante que el dinero.

Amar es sacrificio y hoy me toca a mí. Hoy toca ponerse en el status de padre y empezar una nueva vida junto a mis hijos. Sólo el pensarlo acojona. No quiero que esto sea una guía de ‘por qué no ser padre si puedes’ aunque me temo que así va a ser.
Y para no caer en la monotemática, sé que mi familia me ayudará con sus historias a que este blog crezca junto a mis retoños.

Hoy nace Loosers Land, un blog que no pretende crear cátedra ni ser mentor ni consejero de nada, simplemente nace para contar todo aquello que me ocurra a mí y a mis hijos en el día a día. Y más allá de mis hijos, lo que acontece a una familia con la que te ves obligado a vivir pero no siempre a querer. Aquí tendrán hueco los madrileños, los catalanes, americanos y norteamericanos (hay que diferenciar).

Pero ante todo, y sobre el ánimo que nos mueve de sacar la sonrisa tonta (en el caso de esta, nuestra gran familia, no será difícil) y la carcajada espontánea estará siempre eso que ha movido a la humanidad para llegar a nuestro tiempo: el hacer daño.